de Cristiano Gabrielli
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«Lo que crea el sentido de la ocasión es la aparición de algo o alguien impredecible, es decir, con caracteres de permanencia, dentro de un espacio acostumbrado al propio contenido.»
Josif Brodskji
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Mientras estamos discutiendo sentados en la banqueta la ciudad avanza: su territorio, sus falsas urgencias y sus respuestas son rápidas y hetero directas, establecidas y creadas respecto al consumo y nominalmente recalificadas en espacios cada vez más definidos.
Los lugares donde el arte materializa su esencia y sus respuestas, y así más a menudo lleva a cabo su ausencia, se han expandido, relacionándose con los apetitos a veces disfrazándolos de exigencias inevitables y ocasiones imperdibles.
En este momento, después de haber trabajado honestamente durante menos de un siglo rompiendo las reglas, me parece que la expresión artística en parte se ha conformado nuevamente con aliarse con aquellos que quieren establecer las reglas.
La exigencia de espacio vital para el arte ha transformado la idea de creación de un nuevo espacio existencial, mental y, por lo tanto, cultural, en la apropiación a través de Blitzkrieg del espacio físico en nombre de la pretensión de la cultura, que se maneja y se impone como otra infraestructura.
Así que el arte, al menos aparentemente, se ha posicionado pragmáticamente de manera diferente a sus actitudes más nobles.
Me encuentro considerando qué es lo que sucede, queriendo darse la coartada de cambiar el sistema participando de manera adherente al sistema.
Puede pasar, abrazando o volcando las mismas retóricas de régimen y de poder expresadas a través de lo obvio, de lo redundante, de lo innecesario.
Se elige y se promociona así lo decorativo, lo bonito, el contenido relacionado y el beneficio social solo estetizado en likeability, la recalificación realizada a través de obras del ego y de la mercadotecnia que justifican el control territorial o, peor aún, una vulgar especulación.
Quizás se ha optado por pasar de ser instrumento narrador activo de una (contra) cultura en fermento y expresión de las dudas generadas por un conflicto, local y social, a empoderarse como instrumento de narración, embellecimiento y decoro, de recalificación y evasión.
De querer estar absolutamente desprovistos de marco y, por lo tanto, libres, a buscar obsesivamente el marco como único ámbito de manifestación social pensable y a exigir la parcelación del espacio en lotes, en inquietante asociación con la especulación inmobiliaria.
La mitigación de las laceraciones y de las heridas se lleva a cabo a través del remiendo ideológico y el uso de curitas estéticas: claramente es preparado por una adecuada desinfección retórica de las (eventuales) bonificaciones primero impuestas y luego alegremente participadas como ocasión.
Desde el muro hasta la galería, desde la galería hasta la pared y de nuevo del muro a la galería: una migración esquizofrénica y continua que, para materializar lo exótico y favorecer lo económico, se basa muchas veces en la generosa tacañería del ego.
Los elementos de la realidad y de la vida vivida a toda madre mediante abuso necesario e inevitable al territorio y a las personas aparecen cada vez más como la gramática de la expresión existencial contemporánea.

El arte, siendo llevado a cabo por seres humanos, se va conformando.
Al parecer cada quien ya tiene un rol definido.
El arte debe proporcionar soluciones inútiles y pasatiempos como una tecnología cualquiera o tal vez regalar respuestas a preguntas que no son preguntas.
El artista debe impartir las instrucciones adecuadas para la lectura, la interpretación y las recetas, tanto para la ejecución y afirmación como para el soul washing rápido.
El público debe actuar en el contexto a través de las dinámicas heteros directas de la aprobación participativa o de la polémica polarizada, de la transgresión institucionalizada en cuota de consumo, de la selfi y de la interacción guiada.
La negación del conflicto, y de las zonas de sombra que son parte viva de la realidad, se efectúa a través de la representación de la catarsis que es una sustancial negación sea de la sombra que de la misma catarsis.
Un escenario cae, obviamente, desde arriba y, a pesar de las tragedias que se quedan atrás, se prefigura el happy end para todos.
Aplausos.
En los lugares de supuesta significación es exactamente lo que sigue sucediendo: lo vertical se presenta como horizontal, el top-down se produce con la misma dinámica tanto en el museo como en el down town.
La investigación tiene otros criterios y desde siempre decide, a pesar de las sabias exigencias del pensamiento pragmático y de la obligatoriedad del consenso, del solipsismo narcisista y de las propinas existenciales de no someterse a los mismos parámetros del espectáculo y del entretenimiento.
Tratar por igual a los desiguales es una forma de clasismo disfrazada de igualdad y me resulta de un paternalismo obsceno.
Entonces personalmente, como gestor cultural, como intelectual y como artista que lleva 28 años investigando, prefiero un espacio nuevo en el que los discursos divergentes puedan manifestarse y exponerse que un nuevo espacio donde adaptarse a un formato.
Me da un gusto enorme haber encontrado artistas que han elegido de compartir esta visión y este espacio.
La banqueta es en esta ocasión el basamento inquieto, flotante y horizontal que elegimos como espacio libre de permanencia de nuestra obra y de nuestra humanidad: el lugar temporal y eterno en el que manifestamos y reivindicamos nuestro sentido, enfrentamos con la realidad nuestra autenticidad, diversidad y espontaneidad.
Aquí tomamos posición, haciendo exactamente lo que somos, haciendo preguntas que otros no quieren o no saben elaborar.
En este momento particular me parece la actitud más honesta y el lugar más adecuado para que problemas sociales colectivos y personales, temores y turbamientos obtengan una posibilidad de manifestación local e impredecible, sin la necesidad de educarse, edulcorarse o distorsionarse.
Además, la cerveza y el cigarrillo que fumo acompañando las charlas que hacemos, las obras que planeamos y las inquietudes e inconformidades que manifestamos, aquí saben mejor.

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BA(i)NQU(i)ETA es un proyecto artístico de MADE con la colaboración de Mind Your Head Gallery y Región Trópico, que quiere valorizar y elegir periódicamente, dentro de la propuesta artística contemporánea local, algunas expresiones y lenguajes artísticos críticos y únicos, para ponerlos en diálogo cultural con el territorio al proponerlos como instrumentos de lectura a dinámicas y problemáticas comunes.
Estos artistas prefieren un espacio nuevo en el que los discursos divergentes puedan manifestarse y exponerse que un nuevo espacio donde adaptarse.
El programa se llevará a cabo desde el 20 de octubre hasta el 11 noviembre 2023 en el Centro Cultural Independiente MADE, Miguel Alemán 927 Mazatlán, Sinaloa, con de un ciclo de cuatro exposiciones pop up de dos días con cadencia semanal de los artistas Antonio Juan Tun Naal, Eduardo Esparza, Manuel Carlock y Cristiano Gabrielli.
Una selección cualitativa de proyectos artísticos específicos, con la curaduría de Sarahí Tirado Osuna y la dirección artística de MADE, que utilizan la banqueta como escenario físico y simbólico de manifestación y que entienden reflexionar sobre dinámicas del quehacer artístico relacionadas con el tejido social y sus estímulos.
-Juan Tun Naal: “CASTILLOS EN EL AIRE”, 20 y 21 de octubre 19:30 pm;
-Eduardo Esparza: “OFICIOS DE PLAYA”, 27 y 28 de octubre 19:30 pm;
-Manuel Carlock “CONSTRUCCIONES”, 3 y 4 de noviembre 19:30 pm;
-Cristiano Gabrielli “A PART OF (HE)ART”, 10 y 11 de noviembre 19:30 pm;
Eventos con entrada libre
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